El nacimiento de un hijo es una bendición, pero también representa una montaña rusa de emociones, sobre todo si llegan cuando aún estamos en una edad temprana. Ni que decir si son dos y no traen precisamente un manual debajo del brazo.
La historia que les traemos hoy es acerca de los sueños que en algún momento consideramos frustrados y sobre el crecimiento personal que cada persona lleva en este camino tan inexplicablemente incierto y maravilloso.